Suculenta

“¿Qué es una suculenta?

Es una planta que almacena agua dentro de sus hojas, lo cual la hace ideal para mantenerse en zonas desérticas y de alta sequía. Son fáciles de cuidar y requieren de poca atención. Son perfectas para todos aquellos que quieran tener una planta pero no dispongan del tiempo para estar al pendiente de ella. Incluso, existen especies de suculentas que pueden durar semanas y hasta meses sin recibir agua o abono.” –Consulta por internet.

La nueva casa es abierta y llena de luz. Ofrece la inspiración y energía necesarias para un nuevo comienzo, por demasiado tiempo postergado. Acomodarla y decorarla le tienen la mente ocupada, y por ello se siente agradecido. Algunas de las piezas que amueblan el lugar vienen de un lugar del cual ya habían sido descartadas, lo que le provoca un sentimiento de molestia combinado con nostalgia. Hay objetos que buscan la manera de regresar a tu vida, te guste o no.

Gradualmente llegan diferentes personas a visitar para conocer la nueva casa. Recibe felicitaciones de todo tipo: que los espacios son más amplios, que está muy bien ubicada, tiene mucha personalidad, etc. Algunas noches es un amigo o familiar de visita, otras noches se congregan más personas y se convierte aquello en una reunión. Le dicen que organice una fiesta formal para estrenar la nueva vivienda. Les contesta siempre que luego les avisa cuándo será.

Durante una de esas tantas visitas, una amiga le entregó una maceta pequeña con una suculenta. Le explicó que se le hizo un buen obsequio porque sabe qué tan ocupado se la pasa, así que este regalo sería perfecto para alguien como él que no tiene tiempo para acordarse de regar plantas. “Tener plantas siempre alegra los espacios, no importa qué tan vacíos estén”, agregó ella. Él le recordó que su otra planta, la que tiene siempre en la ventana y que le regalaron hace ya muchos años, se encuentra en perfecto estado a pesar de ser de temporada y que esto es una clara demostración de que es muy capaz de atender algo que requiere cuidados constantes.

Y es verdad. A pesar del clima, el paso del tiempo, y varios cambios, esta planta ha crecido y se ha conservado fuerte y llamativa. Su presencia se impone y se mantiene. La amiga le dice que probablemente la planta está ya muy acostumbrada a él, y se dirige hacia la puerta para retirarse, no sin antes felicitarlo por su nuevo aposento y agregar el acostumbrado ‘hay que hacer algo luego, nos hablamos’.

La suculenta tiene forma de espiral y sus hojas son verdes y carnosas. Está montada en un cúmulo de piedritas y promete ser fácil de cuidar, dado que es desértica. Buscando dónde acomodarla, finalmente él se decide por la mesa del comedor, casi directamente frente a la ventana donde la otra planta celebra su presencia imponente.

Al principio la riega seguido, un tanto por cuidadoso, pero a la vez también por orgullo ya que no quiere darle la razón a su amiga dejando a la plantita morir. Así se pasan varias semanas hasta que, suponiendo que dada su especie no es necesario ponerle agua con tanta constancia, decide atenderla cada quince días en lugar de una vez por semana. La suculenta se mantiene firme, aunque no crece ni aumenta su follaje. Simplemente existe y se le ve bien. Incluso, cada que recibe visitas le comentan que su plantita está muy bonita y que ojalá y le dure siempre. “No a cualquiera se le dan las plantas, parece fácil pero conservarlas tiene su chiste”, le dice un amigo con la seguridad que viene del que lo ha experimentado.

Tiempo después llega a visitarlo una amiga que vive fuera de la ciudad y hace tiempo que no veía. Al invitarla a sentarse a la mesa, ella nota que la suculenta se ve medio tristona. Sus hojas están pálidas y un poco arrugadas. “No la estás regando seguido. Mira, por eso se ven así las hojitas, les falta agua. Yo tengo una y antes también se me pasaba ponerle agua y así se ponía, pero ahora ya la cuido mejor y ya se ve bonita otra vez.” De inmediato y apenado, él toma la maceta y la lleva al fregadero para echarle agua de la llave, a la vez explicándole que se la pasa con mil ocupaciones y la verdad sí la ha descuidado. Luego agrega que la va a atender mejor, sobre todo porque fue un regalo y le daría mucha vergüenza con su amiga si se le llegaba a marchitar. “Oye, pero qué curioso que la otra planta que tienes en la ventana está muy bien conservada.” “Es que esa ya tiene mucho tiempo y ya estoy muy acostumbrado a regarla seguido.”

Pasan los meses. Organiza una cena en honor a un amigo que se va a ir a vivir al extranjero después de terminar sus estudios de posgrado. Transcurre una velada muy amena, repleta de música, brebajes, y charla. Pasada ya la noche, se van retirando poco a poco sus invitados y él los va acompañando hasta la puerta. “Oye, la suculenta que te regalé. ¿Porqué la tienes acá afuera? Mira que ni me había dado cuenta de que no estaba adentro hasta ahorita que la vengo viendo.” La suculenta no se veía del todo marchita, pero sí que daba lástima. “Es que se me llenó de arañas, así que la tuve que sacar afuera. Estoy esperando a que se salgan todas para volverla a meter.”

“¡Uh, no! Tan bonita que estaba. Y yo que pensé que la ibas a cuidar como a la otra. De haber sabido, mejor ni te la regalo. Gracias por la cena. Hay que hacer algo luego, ¿no? ¡Nos hablamos!”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Organizing Ideas the Carlin Way.

Now that they are part of comedy history, it can be hard to imagine George Carlin’s most famous routines as anything but finished products. Whether the infamous “Seven Words” from his album Class Clown (released exactly 45 years ago Friday) or the monologues from his hosting of the first-ever episode of Saturday Night Live (which…

via Discover George Carlin’s Foolproof System for Organizing Ideas — TIME

Escapismo 05

He navegado el día con el

espíritu sobresaltado

bajo espasmos de

horas aún no transcurridas,

largas e inciertas…

Se desplaza el tiempo como

arena en agua,

denso, pesado,

separándose y hundiéndose.

Intento arrancar el pellejo acongojado

para sacudirlo y darle un nuevo vigor,

un propósito, una esperanza, un consuelo.

Escapismo 03

Una casa antigua, de espacios abiertos y elegantes, teñida de luz  proveniente de un enorme candil.

 

Cuatro  mujeres vestidas completamente de blanco conversan solemnes.

 

Un hombre a lo lejos las observa arrobado.

 

Las damas absortas en su plática dan la apariencia de no saberse contempladas. El hombre infiere que cuando se posee de tal belleza y elegancia, el ser analizado por los demás es tan habitual que ya no se percibe.

 

Súbitamente se remonta a una época de su juventud hasta ese momento eclipsada. De su interior se derrama pequeñez e incertidumbre.

 

“Tanta luz. Blancura excesiva. ¡Es demasiado!” Sale despavorido.

 

En el exterior turbio, frígido, y opaco el hombre ahora se siente mucho mejor…

It’s been said of Picasso: “At the age of sixteen, he produced two paintings which were of academic perfection…. So what do you do with your life if you’re producing academically perfect works at the age of sixteen? Every step afterwards is an innovation.” Indeed, whether you like where Picasso went or not, it’s undeniable […]

via What’s a Genius to Do? — word and silence

The Catfish as Metaphor

There is a secondhand bookstore I visit on occasion. It is big and has an old times feeling to it that I find quite comforting. This bookstore is housed in an old building with different rooms you can go through to browse along the many bookshelves. One of the larger areas has a media section and in it you can find used cassette tapes, CD’s, movies, and vinyl records. The record cabinet sits in the middle, wide and somewhat intrusive. Off to one side there are a couple of chairs. I was sitting on one that was right next to a bookshelf full of reference and nature materials;  one of them caught my attention because of its catchy title.

As I looked at the book and wondered why the author had given it such a philosophical name, two young men and a girl – looking no older than early twenties – walked into the area in loud conversation followed by who was probably the mother of at least one of them. The three youngsters gravitated towards the cabinet in curious amazement, and began shuffling through the sleeping rows of plastic and soft cardboard sleeves. I had just been going through the collection myself before they arrived; although I would not call  myself a music expert in all genres, I was not at all impressed with what I had encountered and abandoned the cabinet somewhat cynically after looking through it. This was clearly not a carefully curated collection like the ones found at the vinyl shops I have seen emerging lately.

One of the young men – blond and the most outspoken of the three – was talking about how he loved vinyl and old music. He came across a Bill Cosby comedy album and pulled it out. The other two meanwhile browsed around through different sections while the older woman lurked close by with a look that reflected a combination of condescension and boredom. She seemed somewhat amused by how excited these kids were with the records, whereas to her they were probably nothing more than abandoned relics collected from some old person’s home after they had passed, discards from who-knows-where, or maybe even leftovers from an estate sale.

“This record is probably worth a lot of money now” states Blond Guy with the record still in his hands and a knowing look on his face.

“I doubt it!” replied the older woman with a smirk. “It’s actually probably worth nothing now.”

They continue looking and Blond Guy now declares that the albums should be arranged by genre instead of alphabetical order. My immediate thought is that if that were to be the case, then those genres could only consist of Classical, Polka, Neil Diamond (there were just so many of his records in there), and a fourth which could be named Miscellaneous to cover the few other records that would not fit into the aforementioned categories.
The girl says she is looking for records from the 30’s, 40’s, and 70’s. She then confesses she does not even own a record player. “Maybe someday…”.

“Wow! They have Doris Day!” exclaims Blond Guy.

“She was so bad! Like, how did she ever become famous?” retorts Older Woman, seeming to know better.

“I like her,” answers Blond Guy, embarrassed.

“Who’s ready for food?” asks the other guy, who had said nothing during this whole exchange.

And with that, the group walks out, empty handed. I sit there, looking at the now vacant room, then drift back again to my thoughts on the title The Catfish as Metaphor.