Dejando de Lado la Desidia…

Una de mis brillantes ideas para éste año fue ponerme las pilas en cuánto a varios de mis tantos hábitos abandonados gracias a los deberes y las rutinas diarias que se adquieren cuando uno se convierte en padre de familia y proveedor. No por nada se llaman obligaciones, y éstas como consecuencia – al menos en mi caso – me convirtieron poco a poco en una persona que se mantenía posponiendo todo aquello que antes me brindaba sosiego. Simplemente no me daba el tiempo.

Para dejarme de pretextos, como comienzo opté por enfocarme en la lectura y valientemente me impuse como reto leer 50 libros este año 2016, utilizando como herramienta de monitoreo la aplicación Goodreads, la cual es excelente para cualquier lector, desde los más relajados hasta los más voraces. El año pasado mi meta fue de 30, y no la alcancé, así que subí la cantidad nada más para demostrarme a mí misma que no soy tan ‘chafa’ como parezco y que me tengo que aplicar más.

Hasta ahora llevo 24 libros leídos. Estoy incluyendo en mi lista los libros que leo durante las noches con mis hijos, y los que utilizo en mi salón de clases, siempre y cuándo los lea de principio a fin. Por ejemplo, tendré que eliminar Esperanza Renace ya que solamente alcancé a leer tres capítulos con mi alumna, y francamente prefiero leer otras cosas ahora que ha concluído el ciclo escolar y tengo dos meses y medio de vacaciones. No me interesa invertir mi tiempo en nada que me recuerde al trabajo.

El placer de la lectura, o de hacer lo que a uno le gusta, se obtiene no solamente de la acción orgánica, sino de poder compartir los resultados obtenidos con mentes afines con quienes se pueda crear un intercambio de ideas. Tengo amigos con quienes puedo durar horas hablando de cine, de libros, de arte, etc. Mi hermano y yo hemos pasado gratos momentos embebidos en conversaciones acerca de música. Me gusta aprender de otros y escuchar sus opiniones y posturas. Dejarse arrastrar por el ritmo de vida acelerado que se lleva hoy en día se hace a expensas de la plenitud de mente y espíritu, y de compartir ese goce con los que nos rodean.

Me he dedicado a tratar de  mantener un diario de lo que voy leyendo. Hace poco me puse a leer lo que llevaba escrito hasta ese entonces, y me sorprendí al leer mis anotaciones. En ese registro estaba plasmado mi proceso mental de aquel momento y se me hizo muy curioso, como si fuera un nuevo descubrimiento. Se va uno conociendo mejor cuando se ve desde afuera. Tal vez por eso escribo aquí también. No espero que nadie me lea, ni mucho menos que aprueben de lo que hago, pero como ejercicio de autoconciencia puede ser bastante terapéutico.