Pensando en tonos grisáceos.

Otro familiar más ha pasado a mejor vida, y no puedo evitar pensar en mi propia mortalidad. Desde niña le tengo terror a la muerte, y no de manera esencial ya que obviamente es inevitable, pero siendo una persona impaciente y que detesta las sorpresas, me mortifica de sobremanera no saber el final que me depara. No es lo mismo pensar en cosas impredecibles como “¿Haré algún día ese viaje a Japón que tanto anhelo?” o “¿Conoceré en un futuro al amor de mi vida (si es que siquiera existe)?” o “¿Pagaré caro todos los corajes que hizo mi mamá conmigo por medio de mis dos chamacos?” a clavarme en cavilaciones turbias tales como: “¿Me voy a morir sola?” o “¿Moriré lenta o violentamente?” o “¿Y si me muero y nadie se da cuenta durante días?”. Juro que cuando me afano en este tipo de pensamientos me sobreviene una ansiedad terrible y luego me doy golpes mentales por no ser una persona sensata.

Lo más triste de todo es que conforme he ido avanzando en edad y en madurez (espero), más sardónica me he convertido en cuánto a todo lo referente a religión y ‘la vida después de la vida’. Entonces me digo: “Pues estás amolada, no hay esperanza de consuelo o sosiego para tí. Y luego no has hecho nada de tu vida, así que lejos de tu progenie, de tí no quedará absolutamente nada en esta Tierra.” Por lo menos los creyentes tienen la certeza de que lo que no consigan aquí, lo lograrán por medio de la reencarnación, o que si llevan una vida ejemplar se les compensará con creces en la vida eterna o a donde sea que su religión les decrete que van a parar.

El concepto de la muerte es sumamente maleable. Tanto se puede expresar de modo violento y morboso, como también se puede poetizar y embellecer. El Séptimo Sello de Ingmar Bergman es solamente una muestra de ello.

Ingmar_Bergman-The_Seventh_Seal-01

Recuerdo un libro que leí hace tiempo, La Ladrona de Libros, en el que la Muerte es quien se encarga de narrar la historia. En un momento manifiesta su cansancio por la labor interminable que debe realizar, pero también hay un párrafo muy emotivo en el que cuando tiene que recoger a un personaje bondadoso, la Muerte expresa que, próxima a llevárselo mientras duerme, el hombre se incorpora y la enfrenta con ojos grises.

En mi experiencia personal, la muerte no es tan generosa, ni mucho menos digna, sobre todo si concluye a una terrible enfermedad. Tal vez de ahí provienen mis temores. Las personas viven o sobreviven lo mejor que pueden, y algunas terminan su recorrido de maneras espantosas. No me vendría nada mal explorar mi lado espiritual, probablemente ahí encontraré el remedio a mis dolencias existenciales…

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ikoperiko

"It's All Good... "

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