Aniversario

Hoy es un aniversario especial. No es una celebración compartida. No hay fotos que hayan plasmado la ocasión. Nadie me va a llamar jamás para felicitarme por el evento. Le llamo aniversario por su definición literal y no por esperar un festejo a cambio, porque es un día que no vale más para nadie, solamente es una fecha significativa para mí. La he recordado en silencio, y ahora la reflejo por medio de una plataforma electrónica, la cual me permite poner mis pensamientos en orden y definir ideas. De pronto se me ocurrió que posiblemente en un futuro volviera a leer esto y me percatara de que lo que considero como valioso en este momento, para ese entonces ya no signifique nada. Y así, el aniversario pasaría a ser un pensamiento tardío de lo que alguna vez fue, como suele pasar con otras ocasiones especiales que se van olvidando con el paso de los años y el menguar de los sentimientos.  Tal vez debiera escribir sobre ello minuciosa y detalladamente, y darle un nuevo valor porque el recuerdo dejaría de ser etéreo y se convertiría en un evento tangible. Si me llegara a aplicar en una verdadera disciplina y me dedicara a grabar detalladamente los sucesos importantes, con el cometido de leerlos después de transcurrido un largo tiempo, tengo la certeza de que encontraría patrones de conducta que se repiten. Entonces igual y hasta podría armar mi propio almanaque con predicciones de estados de humor y de conductas tanto benéficas como nocivas.

La siguiente liga muestra una interesante propuesta artística, la cual ofrece revivir el arte de crear calendarios que proyecten el entorno, la naturaleza, y los eventos importantes que se celebran en distintas comunidades, tal como se hacía en los tiempos de antaño:

Common Ground Projects – Almanacs

 

 

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Pensando en tonos grisáceos.

Otro familiar más ha pasado a mejor vida, y no puedo evitar pensar en mi propia mortalidad. Desde niña le tengo terror a la muerte, y no de manera esencial ya que obviamente es inevitable, pero siendo una persona impaciente y que detesta las sorpresas, me mortifica de sobremanera no saber el final que me depara. No es lo mismo pensar en cosas impredecibles como “¿Haré algún día ese viaje a Japón que tanto anhelo?” o “¿Conoceré en un futuro al amor de mi vida (si es que siquiera existe)?” o “¿Pagaré caro todos los corajes que hizo mi mamá conmigo por medio de mis dos chamacos?” a clavarme en cavilaciones turbias tales como: “¿Me voy a morir sola?” o “¿Moriré lenta o violentamente?” o “¿Y si me muero y nadie se da cuenta durante días?”. Juro que cuando me afano en este tipo de pensamientos me sobreviene una ansiedad terrible y luego me doy golpes mentales por no ser una persona sensata.

Lo más triste de todo es que conforme he ido avanzando en edad y en madurez (espero), más sardónica me he convertido en cuánto a todo lo referente a religión y ‘la vida después de la vida’. Entonces me digo: “Pues estás amolada, no hay esperanza de consuelo o sosiego para tí. Y luego no has hecho nada de tu vida, así que lejos de tu progenie, de tí no quedará absolutamente nada en esta Tierra.” Por lo menos los creyentes tienen la certeza de que lo que no consigan aquí, lo lograrán por medio de la reencarnación, o que si llevan una vida ejemplar se les compensará con creces en la vida eterna o a donde sea que su religión les decrete que van a parar.

El concepto de la muerte es sumamente maleable. Tanto se puede expresar de modo violento y morboso, como también se puede poetizar y embellecer. El Séptimo Sello de Ingmar Bergman es solamente una muestra de ello.

Ingmar_Bergman-The_Seventh_Seal-01

Recuerdo un libro que leí hace tiempo, La Ladrona de Libros, en el que la Muerte es quien se encarga de narrar la historia. En un momento manifiesta su cansancio por la labor interminable que debe realizar, pero también hay un párrafo muy emotivo en el que cuando tiene que recoger a un personaje bondadoso, la Muerte expresa que, próxima a llevárselo mientras duerme, el hombre se incorpora y la enfrenta con ojos grises.

En mi experiencia personal, la muerte no es tan generosa, ni mucho menos digna, sobre todo si concluye a una terrible enfermedad. Tal vez de ahí provienen mis temores. Las personas viven o sobreviven lo mejor que pueden, y algunas terminan su recorrido de maneras espantosas. No me vendría nada mal explorar mi lado espiritual, probablemente ahí encontraré el remedio a mis dolencias existenciales…

Dejando de Lado la Desidia…

Una de mis brillantes ideas para éste año fue ponerme las pilas en cuánto a varios de mis tantos hábitos abandonados gracias a los deberes y las rutinas diarias que se adquieren cuando uno se convierte en padre de familia y proveedor. No por nada se llaman obligaciones, y éstas como consecuencia – al menos en mi caso – me convirtieron poco a poco en una persona que se mantenía posponiendo todo aquello que antes me brindaba sosiego. Simplemente no me daba el tiempo.

Para dejarme de pretextos, como comienzo opté por enfocarme en la lectura y valientemente me impuse como reto leer 50 libros este año 2016, utilizando como herramienta de monitoreo la aplicación Goodreads, la cual es excelente para cualquier lector, desde los más relajados hasta los más voraces. El año pasado mi meta fue de 30, y no la alcancé, así que subí la cantidad nada más para demostrarme a mí misma que no soy tan ‘chafa’ como parezco y que me tengo que aplicar más.

Hasta ahora llevo 24 libros leídos. Estoy incluyendo en mi lista los libros que leo durante las noches con mis hijos, y los que utilizo en mi salón de clases, siempre y cuándo los lea de principio a fin. Por ejemplo, tendré que eliminar Esperanza Renace ya que solamente alcancé a leer tres capítulos con mi alumna, y francamente prefiero leer otras cosas ahora que ha concluído el ciclo escolar y tengo dos meses y medio de vacaciones. No me interesa invertir mi tiempo en nada que me recuerde al trabajo.

El placer de la lectura, o de hacer lo que a uno le gusta, se obtiene no solamente de la acción orgánica, sino de poder compartir los resultados obtenidos con mentes afines con quienes se pueda crear un intercambio de ideas. Tengo amigos con quienes puedo durar horas hablando de cine, de libros, de arte, etc. Mi hermano y yo hemos pasado gratos momentos embebidos en conversaciones acerca de música. Me gusta aprender de otros y escuchar sus opiniones y posturas. Dejarse arrastrar por el ritmo de vida acelerado que se lleva hoy en día se hace a expensas de la plenitud de mente y espíritu, y de compartir ese goce con los que nos rodean.

Me he dedicado a tratar de  mantener un diario de lo que voy leyendo. Hace poco me puse a leer lo que llevaba escrito hasta ese entonces, y me sorprendí al leer mis anotaciones. En ese registro estaba plasmado mi proceso mental de aquel momento y se me hizo muy curioso, como si fuera un nuevo descubrimiento. Se va uno conociendo mejor cuando se ve desde afuera. Tal vez por eso escribo aquí también. No espero que nadie me lea, ni mucho menos que aprueben de lo que hago, pero como ejercicio de autoconciencia puede ser bastante terapéutico.

A Minutos de la Medianoche

“¿Qué ha sido lo mas valeroso que has hecho jamás?

Levantarme esta mañana.”

Después de leer la novela La Carretera de Cormac McCarthy, me puse a pensar en lo realmente vulnerable que somos la especie humana – los seres vivos, vaya – a los elementos que nos rodean. No apreciamos que cada día que vivimos en una cierta normalidad es un verdadero regalo. En esta historia posapocalíptica se nos muestra un mundo abatido por un evento no especificado, en el cual no quedan más que ambientes desolados, cubiertos de ceniza, y algunas personas deambulando en incertidumbre y sobreviviendo de maneras infrahumanas. Entre ellos, un padre y un hijo caminan tratando de llegar a la costa con la esperanza de encontrar algo mejor. Ningún personaje tiene nombre, solamente se hace referencia a los personajes principales como el hombre y el hijo, ambos aferrándose el uno al otro literalmente como si fueran los únicos seres vivos en la tierra. Del final solamente puedo decir que me conmovió hasta las lágrimas. Dentro de lo futil de la situación en la que se encuentra, el hombre sigue su lucha por el amor que le tiene al niño, lo cual nos manifiesta los alcances que podemos llegar a tener con tal de proteger a nuestros hijos. Valientemente, el hombre vence cada día como mejor puede la enfermedad que lo abruma con tal de proteger al niño que él mismo declara le ha sido encomendado.

Esta mañana me encontré con el siguiente artículo:

http://m.aristeguinoticias.com/2701/mundo/catastrofe-climatica-global-podria-conducir-al-fin-del-mundo-cientificos-de-eu/

Desconocía que existe un reloj simbólico utilizado por científicos en la Universidad de Chicago para hacer referencia a qué tan cercanos estamos a un evento catastrófico, pero que estamos a merced de los cambios climáticos, y amenazas nucleares no es novedad. Agregado a esto enfermedades virales y los avances en la nanotecnología que pudieran ser mal implementados, y no cabe duda que somos ya una especie en peligro de extinción. El llamado de estos científicos a los líderes mundiales a tomar medidas para reducir tanto la contaminación producida por gases de efecto invernadero como las armas nucleares debe tomarse en serio.

Lo que nos distingue de los demás seres vivos es nuestra capacidad de empatía y conciencia, que se manifiestan en espiritualidad, religión, meditación, filantropía, etc. La conmoción causada por la visita del Papa Francisco, las elecciones en Estados Unidos, y la propagación del virus zika son oportunidades para abrir los ojos a nuestro entorno tanto cercano como lejano. Nos levantamos cada día movidos por nuestras obligaciones inmediatas, sin pensar en lo que sucede más allá.

No quisiera caer en el sermoneo pero creo que dentro de lo poco que podemos controlar, que es cuidar de nuestro medio ambiente y amar a nuestro prójimo seamos creyentes o no, también se encuentra nuestra obligación como ciudadanos a participar en elegir a quienes serán nuestros líderes y en cuyas manos queda el tomar decisiones que nos afectarán tanto a nosotros como a nuestra progenie.